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miércoles, 23 de marzo de 2016

Kaguya Hime, el cuento del cortador de bambú

Fecha estelar: -307507.2
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En el año 1999 Isao Takahata estrenó Mis vecinos los Yamada (Hôhokekyo Tonari no Yamada-kun), la historia de una familia de clase media japonesa basada en un manga de tiras cómicas de Hisashi Ishii. Lo más relevante de esta notable película es cómo consigue Takahata reflejar la cotidianidad y los sentimientos de las personas con un tipo de animación muy minimalista, aunque en ningún modo sencilla. Catorce años después, Takahata vuelve a la dirección con una película, El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari) que recurre al mismo tipo de animación, arriesgado por tanto, pero que muestra una evolución muy notable desde entonces. Desde luego se puede intuir el gran esfuerzo realizado por dibujar esta historia y se debe agradecer enormemente el resultado obtenido ya que es realmente increíble, pura poesía visual.
Curiosamente, en Mis vecinos los Yamada ya nos presentaba Takahata el nacimento de los hijos de la familia basándose en cuentos tradicionales japoneses. Más concretamente en el caso de la hija, Nonoko, que es encontrada por el padre dentro de una planta de bambú, tal como nace la princesa Kaguya en el cuento tradicional japonés en el que se basa la película.
(Véase una entrada anterior sobre el cuento del cortador de bambú aquí).


El nacimiento de Nonoko en
Mis vecinos los Yamada
Desde luego me inclino a pensar que ya por entonces estaba en la mente del maestro el plasmar el cuento en imágenes, pero es que además, ha sido una producción muy prolongada en el tiempo, iniciada en el año 2008 cuando el estudio Ghibli anunció que Takahata estaba produciendo un nuevo largometraje que, finalmente, no ha visto la luz hasta el año 2013.

De entre las películas de Takahata ya es posible decir que, personalmente, hay tres que me llegan  hasta lo más profundo del corazón gracias al don que tiene el maestro en saber transmitir los sentimientos humanos a través de unos "simples dibujos". Primero fue La tumba de las luciérnagas (Hotaru no Haka, 1988) que me parece un relato devastador, una película durísima que muestra como ninguna otra (animada o no) el camino hacia la fatalidad de unos personajes arrastrados hacia una situación que no pueden evitar de ninguna de las maneras. Después vino la, para mí, obra maestra de Takahta, Recuerdos del ayer (Omohide Poro Poro, 1991), que muestra como ninguna la nostalgia de la infancia, el anhelo por revivir en el presente todos aquellos momentos, pero también la imposibilidad de conseguirlo porque somos arrastrados por las necesidades de la sociedad. Y en tercer lugar,  ahora tenemos El cuento de la princesa Kaguya, una película que argumentalmente tiene mucho de las dos anteriores.
Cierto es que, si de partida el espectador conoce el cuento tradicional japonés en el que se basa la película, el cuento del cortador de bambú, entonces sabe que la historia de la princesa Luna, Kaguya, es una historia muy triste. Y cietamente Takahata se desvía muy poco del contenido del cuento.  Pero lo importante es ver, tal como ocurre en La tumba de las luciérnagas y en Recuerdos del ayer, cómo la maestría de Takahata nos mete dentro la historia, cómo es capaz de hacer que el espectador esté dentro de la mente del personaje y llegue a comprender sus sentimientos. La princesa Kaguya, como Seita y Setsuko en la La tumba de las luciérnagas, está abocada hacia un final que no puede evitar, y después de todo su recorrido vital el espectador también llega a vislumbrar, ante la inminencia del destino, que fue su fugaz infancia el mejor momento de su vida. La escena donde Kaguya comprende cómo podría haber sido muy feliz pero que ya es tarde es, simplemente portentosa. Pero su final, a diferencia de Recuerdos del ayer, está sujeto a un destino que Kaguya no puede controlar, que no puede decidir. En Recuerdos del ayer Taeko sí tiene la libertad final para tomar la decisión que nos lleva al culmen de la emoción, en Kaguya Hime el destino está escrito.
Y todo esto lo consigue Takahata con una animación muy arriesgada, portentosa en la expresividad de los rostros, en el movimiento de los personajes, en la forma de planificar y encuadrar las escenas, en la diferente forma de trazar el dibujo. No hay mejor manera de mostrar la ira y la impotencia que la forma de animar y dibujar las dos huídas que tiene la princesa, cuando el trazo se simplifica al máximo. Takahata ya "experimentó" este tipo de trazo en Mis vecinos los Yamada que, por otra parte, es habitual ver en la obra de otros animadores como Bill Plympton o Frédéric Back.

Finalmente destacar la que es primera colaboración entre Joe Hiaishi e Isao Takahata. La música de Kaguya Hime es, como nos tiene habituados el compositor de cabecera de Miyazaki, sobresaliente, sobre todo cuando intervienen las composiciones de piano. Las producciones del estudio Ghibli están muy cuidadas en todos sus aspectos y el caso de la música es un claro ejemplo de ello.

Me resulta del todo imposible llegar a comprender cómo es posible que esta película o también el film de Tomm Moore La canción del mar, nominados al Óscar a mejor película de animación, no ganaran el premio, cualquiera de ellas. Particularmente sitúo ambas películas, El cuento de la princesa Kaguya y La canción del mar,  al mismo nivel, con una animación arriesgada, novedosa, dirigidas a público de cualquier edad, contando historias con mucha profundidad de interpretación,  obras maestras comparadas con la que sí se llevó el premio, Big Hero 6, que simplemente me parece otra película infantil Disney del montón, técnicamente impecable (como no podía ser menos cuando costó nada más que 165 millones de dólares), pero con una historia previsible, moralizante, más simple que una piedra y más manoseada ya que un billete de cinco euros.



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Recuerda, amigo lector, que esta reseña está basada única y exclusivamente en mi opinión y gusto personal que puede, o no, coincidir con la del resto de los mortales.

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When Marnie Was There (Omoide no Mânî, 2014).

Fecha estelar: -307351.1
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Entrada sin spoilers


Omoide no Mânî (When Marnie Was There - 2014) es el segundo largometraje de Hiromasa Yonebayashi, un director asociado por ahora al estudio Ghibli en el que lleva trabajando como animador desde Mononoke Hime (1997).  Desde esta mítica película, obra maestra de Hayao Miyazaki, Yonebayashi ha participado en los principales títulos del estudio, en muchos de ellos como "key animator" que va más lejos de un simple animador ya que asume toda la responsabilidad de las escenas que tiene asignadas.

En el año 2010 Yonebayashi asume la máxima responsabilidad e inicia, bajo el amparo del estudio, su carrera como director con Karigurashi no Arietti (Arrietty y el mundo de los diminutos). El resultado fue más que notable, una película muy estimable amparada en un trabajo técnico impecable que viene dado por el "sello Ghibli". Y hablar de Ghibli implica calidad. Cuatro años despues Yonebayashi se confirma, se supera, y nos regala Omoide no Mânî. Una película que se separa del sentido aventurero de su primer film para adentrarse en la dificil tarea de narrar los sentimientos humanos a traves de la animación. Y el resultado es muy satisfactorio, notable, en la buena dirección para intentar acercarse a las obras maestras de los fundadores del estudio. Es muy difícil llegar al nivel de Kaze tachinu (El viento se levanta, 2013) el último film de Miyazaki o la obra maestra que es Kaguya Hime (2013) de Isao Takahata, pero es de esperar, más bien desear, que Toshio Suzuki continúe su labor en el estudio Ghibli para amparar nuevos trabajos. Curiosamente Yonegayashi con Omoide no Mânî y Goro Miyazaki con Kokuriko-zaka kara (La colina de las amapolas) han conseguido superarse respecto de sus primeras películas y nos han ofrecido productos que están muy por encima en su género que muchas producciones, y no me refiero solo al anime sino a productos norteamericanos (léase aquí Disney, y Pixar últimamente), llenos de convencionalismos infantiloides, tendenciosidad hacia el "buenismo", guiños para mayores, prisas y demasiados gritos.



 Centrándonos ya en Omoide no Mânî decir de entrada que es todo un placer disfrutar de una historia contada con pausa, con el ritmo necesario muy del gusto y del proceder japonés. Ciertamente suele ser este precisamente uno de los inconvenientes que muchos achacan a este cine, pero yo lo disfruto intensamente. Porque, aunque la historia que se cuenta en la película sea en realidad muy sencilla y juvenil, no en vano está basada en una novela para adolescentes de 1967 escrita por Joan G. Robinson, el empaque de la misma llega mucho mucho más lejos, porque hay tiempo para contemplar las escenas, porque la calidad de los escenarios dibujados, naturales o de interiores, es simplemente espectacular, porque es fascinante cómo se retrata el mundo rural japonés. En este último sentido la película pisa sobre terreno muy firme, no en vano muchas películas del estudio Ghibli han pasado por aquí y es imposible, viendo esta película, no recordar la grandísima obra maestra de Takahata Omohide Poro Poro (Recuerdos del ayer, 1991).

En cualquier caso, la fascinación o la reverencia que tienen muchos creadores japoneses por el mundo rural japonés, el huir de la tecnología y los convecionalismos modernos para adentrarse en el último reducto de la tranquilidad, la tradición y del amor por la naturaleza es digno de reflexión. Sólamente dentro del anime, a bote pronto y de los últimos años, puedo citar con facilidad títulos importantes como Momo e no Tegami (Una carta para Momo, 2011) de Hiroyuki Okiura, o las dos últimas películas de Mamoru Hosoda, Samâ Wôzu (Summer Wars, 2009) y Ôkami Kodomo no Ame to Yuki (Los niños lobo, 2012).

Pero,.... algún pero debe haber. Y lo hay. El último tercio de la película me parece algo precipitado. Una película que te va envolviendo poco a poco en la historia de Anna, una niña muy introvertida que tiene que luchar contra ese deseo de encerrarse en sí misma, de vencer las dificultades que tiene de manifestarse espontáneamente, de comprender por qué es así, que viaja a una zona costera donde conoce a Marnie, otra chica con su propio secreto... y todo va bien contado, pero al final la narración de la relación con Marnie se torna algo precipitada. A la película le faltan 15 minutos que particularmente estaría encantado de ver. Por otra parte, aunque la música no está nada mal, tampoco es que se quede en la memoria. Particularmente también me molesta que el tema principal que aparece en los créditos finales esté cantado en inglés, una nimiedad en cualquier caso.

Finalmente mencionar una curiosidad sobre la animación de los personajes. En general todos los movimientos de los personajes me resultan muy realistas (Anna tiene dos o tres caídas que casi me resultan dolorosas de ver), como no podía ser menos siendo una producción tan cuidada. Sin embargo, el sello del propio Yonebayashi se puede detectar respecto de otras animaciones del estudio pues Yonebayashi también ha trabajado como animador fuera de Ghibli. No me negarán, aunque sea vagamente, la sensación de déjà vu al contemplar el semblante y los gestos de los personajes con alguno de los personajes de Jin-Rô (Jin-Roh: The Wolf Brigade, 1998) de Hiroyuki Okiura donde Yonebayashi trabajó de animador. Y no me negarán, más claramente, la coincidencia del semblante y los gestos de Marnie y de los personajes que habitan la casa del pantano con algunos de los personajes de la serie Monster (2004) de Masayuki Kojima donde Yonebayashi también fue "key animator".


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Recuerda, amigo lector, que esta reseña está basada única y exclusivamente en mi opinión y gusto personal que puede, o no, coincidir con la del resto de los mortales.



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