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jueves, 19 de julio de 2018

Cine, lo que vamos viendo. Tres reseñas (nº CXI)

Fecha estelar:-304453.6
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Películas reseñadas:

- Meari to majo no hana (Mary y la flor de la bruja, 2017)
- Una vida a lo grande (Downsizing, 2017)
- Godzilla contra King Ghidorah (Gojira vs. Kingu Gidorâ, 1991)



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Meari to majo no hana (Mary y la flor de la bruja, 2017)
Dir.: Hiromasa Yonebayashi

“Meari to majo no hana” (Mary y la flor de la bruja, 2017) es el tercer largometraje de Hiromasa Yonebayashi, un director que, hasta su anterior trabajo, “Omoide no Mânî” (El recuerdo de Marnie, 2014), aparecía relacionado con el estudio Ghibli. Es en este estudio donde debuta como director con la notable “Karigurashi no Arietti” (Arrieti y el mundo de los diminutos, 2010), habiendo trabajado anteriormente como “Key Animator” (es decir, asumiendo responsabilidad en la animación de las escenas en las que interviene) en algunas de las principales películas del estudio, empezando con Mononoke Hime en 1997.

El 3 de agosto de 2014, Toshio Suzuki, productor y uno de los fundadores del estudio Ghibli, anunció que pausaban la producción de largometrajes ante la necesidad de reestructuración del estudio. El resultado, hasta ahora, es que el último largometraje realizado en Ghibli es, precisamente, “El recuerdo de Marnie”. En el año 2015 el productor jefe del estudio Ghibli, Yoshiaki Nishimura y otros miembros del estudio, entre ellos Yonebayashi, fundan el estudio Ponoc, del que “Mary y la flor de la bruja” es el primer largometraje. Parece que la silueta de la protagonista, Mary, formará parte del logotipo del estudio, con un estilo similar al Totoro de Ghibli. Es también, quizás, una declaración de intenciones, de dejar claro que la esencia de las películas del estudio Ghibli, películas de las que ellos han formado parte, va a continuar de un modo u otro. Desde luego así me lo parece una vez vista y disfrutada “Mary y la flor de la bruja”.

Mientras vas contemplando la película de Hiromasa Yonebayashi es imposible no estar continuamente recordando escenas de muchas películas Ghibli. Aquí hay mucho, muchísimo de “El viaje de Chihiro”, pero aún lo hay más de “El castillo ambulante”. Visualmente son las referencias principales pero no las únicas porque también tenemos las islas volantes de “El castillo en el cielo”, los bosques de “La princesa Mononoke”, las peripecias de “Nicky, la aprendiz de bruja”, o, si me apuran, las rebeldías capilares de Fujimoto en “Ponyo en el acantilado”. Todas estas influencias no hacen sino favorecer una película que, visualmente, resulta ser una joya. No hay nada que se pueda reprochar, desde la animación perfecta a la exquisitez de los fondos de interiores o a los paisajes rurales, desde la magnificencia del bosque al detallismo de los rincones y la simpleza de la valla en la vereda como “puerta” de entrada al mundo mágico. Siempre hay una puerta. Un dibujo extremadamente cuidado y esmerado que es marca de la nueva casa y fruto de la experiencia de años de trabajo.

Adolece la película, no obstante, de cierta profundidad en la historia, bastante más sencilla (infantil no es la palabra) y predecible. Se echa de menos la superación, el viaje introspectivo de la protagonista, conocer sus miedos o preocupaciones. No parece que existan conflictos internos en Mary, o no se ha querido complicar la historia con ellos. Y no puede ser el motivo la falta de capacidad para hacerlo, porque en este sentido su película anterior, “El recuerdo de Marnie”, sí que lo hace, lo consigue y el resultado es, en mi opinión, bastante superior. En cualquier caso, “Mary y la flor de la bruja” resulta ser una película muy, muy, recomendable.

Un par de curiosidades/datos para terminar:
La actriz que da voz (seiyū) a Mary es Hana Sugisaki, que también interpreta, por si alguien quiere ponerle cara, a Rin Asano en la adaptación de Takashi Miike de “La espada del inmortal”. Anteriormente Hana Sugisaki ya había sido la seiyū del personaje de Sayaka en “El recuerdo de Marnie”
Por su parte la voz de Peter es de Ryûnosuke Kamiki, que también aparece en la última de Miike, “JoJo’s Bizarre Adventure”, película a la que no pienso ni acercarme. Mejor recordar a Ryûnosuke Kamiki por ser la voz de Taki en “Your Name”, de Makoto Shinkai.

7/10 - Buena




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Una vida a lo grande (Downsizing, 2017)
Dir. Alexander Payne

Una película demasiado errática y totalmente engañosa si uno se guía por lo que muestra el título en castellano o lo por que se ve en los trailers. Que, por cierto, muestran imágenes que no aparecen en la película, precisamente imágenes que ayudan al despiste.

El principal problema es que la película se toma demasiado tiempo en llevarte a la parte más interesante. Tanto como que tiene que transcurrir más de media película. Demasiado lenta para lo que está contanto. Da la sensación que con media hora menos de esta parte el asunto podría haber ido mucho mejor, pero es precisamente la parte que se vende en las promociones y, quizás, el camino que toma la historia no ha sido del agrado general. La película ha sido un fracaso ya que, hasta ahora, ni siquiera ha cubierto los costes de producción.

A pesar del aburrimiento general del principio, algo hay que se pude salvar. Véase todo el proceso de miniautización que sufre Matt Damon y los demás aspirantes, la forma en que ve todo esto es brillante. Y tiene su aquél si tenemos en cuenta dónde trabaja el protagonista. No diré más, aunque tampoco es que haya mucho más. Incluso hubo un momento en que pensé en cortar la película para terminar de verla en otro momento, pero, es aparecer Hong Chau en escena y la película cambia radicalmente, se me hace mucho más interesante. Y no solo por el giro de la historia, también porque la actriz es, con diferencia, lo mejor de la película.

6/10 - Interesante


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Godzilla contra King Ghidorah (1991)
Dir. Kazuki Omori

Dos años después de que Omori dirigiera el enfrentamiento de Godzilla contra Biollante, retoma la franquicia para enfrentarlo contra King Ghidorah en plena etapa Heisei, donde Godzilla no para de destruir el Japón y se enfrenta a diferentes monstruos.

Por mucho cariño que se le tenga al monstruo, a la idea del mismo, uno no se puede engañar a sí mismo y pensar que estas películas son buenas, que no lo son y están bastante lejos de serlo. Sin embargo, pues que no se pueden dejar de ver, son películas malas que gustan. Es así. Y el poster es, con diferencia, lo mejor.

Estableciendo una especie de baremo con las dos películas de Omori, Godzilla contra Biollante (1989) es bastante mala, peor que Godzilla contra King Ghidorah. El motivo: la ida de olla que es la historia que se monta aquí, que incluye viajes en el tiempo. Cualquier película con viajes temporales entretiene, en cierto modo. En este caso se trata de contar el origen de Godzilla, y de cambiarlo, que para eso se viaja en el tiempo, desde el siglo XXIII hasta 1992, luego hasta el final de la segunda guerra mundial.  Pero luego la cosa no se da bien y hay que ir al futuro de nuevo, primero a 1992, luego, otra vez al siglo XXIII y vuelta al 1992 para montar un King Ghidorah-Mecha,.... No me dirán que no pasan cosas. Pues hay más, una especie de terminator que es fiel servidor insertándole el CD-Rom correspondiente en la memoria y que, si no te da vergüenza ajena verlo correr, ya puedes decir que la película te está entreteniendo. Eso sí, hay tres bichos-mascotas en la nave que viene del futuro que son insalvables bajo cualquier punto de vista.

Interpretaciones, siendo benévolo, muy justitas, mucho corchopan, Godzilla a su ritmo, maquetas, efectos especiales petarderos, .... así son muchas películas de Godzilla, son malas, pero molan.

Mención especial merece la música de Akira Ifukube. Es el autor de la mítica y reconocible música del Godzilla de 1954 y aquí la utiliza en momentos clave. 

3/10 - Floja






Nº de películas reseñadas en el blog: 414
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Recuerda, amigo lector, que estas reseñas están basadas única y exclusivamente en mi opinión y gusto personal que puede, o no, coincidir con la del resto de los mortales.  -



miércoles, 23 de marzo de 2016

When Marnie Was There (Omoide no Mânî, 2014).

Fecha estelar: -307351.1
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Entrada sin spoilers


Omoide no Mânî (When Marnie Was There - 2014) es el segundo largometraje de Hiromasa Yonebayashi, un director asociado por ahora al estudio Ghibli en el que lleva trabajando como animador desde Mononoke Hime (1997).  Desde esta mítica película, obra maestra de Hayao Miyazaki, Yonebayashi ha participado en los principales títulos del estudio, en muchos de ellos como "key animator" que va más lejos de un simple animador ya que asume toda la responsabilidad de las escenas que tiene asignadas.

En el año 2010 Yonebayashi asume la máxima responsabilidad e inicia, bajo el amparo del estudio, su carrera como director con Karigurashi no Arietti (Arrietty y el mundo de los diminutos). El resultado fue más que notable, una película muy estimable amparada en un trabajo técnico impecable que viene dado por el "sello Ghibli". Y hablar de Ghibli implica calidad. Cuatro años despues Yonebayashi se confirma, se supera, y nos regala Omoide no Mânî. Una película que se separa del sentido aventurero de su primer film para adentrarse en la dificil tarea de narrar los sentimientos humanos a traves de la animación. Y el resultado es muy satisfactorio, notable, en la buena dirección para intentar acercarse a las obras maestras de los fundadores del estudio. Es muy difícil llegar al nivel de Kaze tachinu (El viento se levanta, 2013) el último film de Miyazaki o la obra maestra que es Kaguya Hime (2013) de Isao Takahata, pero es de esperar, más bien desear, que Toshio Suzuki continúe su labor en el estudio Ghibli para amparar nuevos trabajos. Curiosamente Yonegayashi con Omoide no Mânî y Goro Miyazaki con Kokuriko-zaka kara (La colina de las amapolas) han conseguido superarse respecto de sus primeras películas y nos han ofrecido productos que están muy por encima en su género que muchas producciones, y no me refiero solo al anime sino a productos norteamericanos (léase aquí Disney, y Pixar últimamente), llenos de convencionalismos infantiloides, tendenciosidad hacia el "buenismo", guiños para mayores, prisas y demasiados gritos.



 Centrándonos ya en Omoide no Mânî decir de entrada que es todo un placer disfrutar de una historia contada con pausa, con el ritmo necesario muy del gusto y del proceder japonés. Ciertamente suele ser este precisamente uno de los inconvenientes que muchos achacan a este cine, pero yo lo disfruto intensamente. Porque, aunque la historia que se cuenta en la película sea en realidad muy sencilla y juvenil, no en vano está basada en una novela para adolescentes de 1967 escrita por Joan G. Robinson, el empaque de la misma llega mucho mucho más lejos, porque hay tiempo para contemplar las escenas, porque la calidad de los escenarios dibujados, naturales o de interiores, es simplemente espectacular, porque es fascinante cómo se retrata el mundo rural japonés. En este último sentido la película pisa sobre terreno muy firme, no en vano muchas películas del estudio Ghibli han pasado por aquí y es imposible, viendo esta película, no recordar la grandísima obra maestra de Takahata Omohide Poro Poro (Recuerdos del ayer, 1991).

En cualquier caso, la fascinación o la reverencia que tienen muchos creadores japoneses por el mundo rural japonés, el huir de la tecnología y los convecionalismos modernos para adentrarse en el último reducto de la tranquilidad, la tradición y del amor por la naturaleza es digno de reflexión. Sólamente dentro del anime, a bote pronto y de los últimos años, puedo citar con facilidad títulos importantes como Momo e no Tegami (Una carta para Momo, 2011) de Hiroyuki Okiura, o las dos últimas películas de Mamoru Hosoda, Samâ Wôzu (Summer Wars, 2009) y Ôkami Kodomo no Ame to Yuki (Los niños lobo, 2012).

Pero,.... algún pero debe haber. Y lo hay. El último tercio de la película me parece algo precipitado. Una película que te va envolviendo poco a poco en la historia de Anna, una niña muy introvertida que tiene que luchar contra ese deseo de encerrarse en sí misma, de vencer las dificultades que tiene de manifestarse espontáneamente, de comprender por qué es así, que viaja a una zona costera donde conoce a Marnie, otra chica con su propio secreto... y todo va bien contado, pero al final la narración de la relación con Marnie se torna algo precipitada. A la película le faltan 15 minutos que particularmente estaría encantado de ver. Por otra parte, aunque la música no está nada mal, tampoco es que se quede en la memoria. Particularmente también me molesta que el tema principal que aparece en los créditos finales esté cantado en inglés, una nimiedad en cualquier caso.

Finalmente mencionar una curiosidad sobre la animación de los personajes. En general todos los movimientos de los personajes me resultan muy realistas (Anna tiene dos o tres caídas que casi me resultan dolorosas de ver), como no podía ser menos siendo una producción tan cuidada. Sin embargo, el sello del propio Yonebayashi se puede detectar respecto de otras animaciones del estudio pues Yonebayashi también ha trabajado como animador fuera de Ghibli. No me negarán, aunque sea vagamente, la sensación de déjà vu al contemplar el semblante y los gestos de los personajes con alguno de los personajes de Jin-Rô (Jin-Roh: The Wolf Brigade, 1998) de Hiroyuki Okiura donde Yonebayashi trabajó de animador. Y no me negarán, más claramente, la coincidencia del semblante y los gestos de Marnie y de los personajes que habitan la casa del pantano con algunos de los personajes de la serie Monster (2004) de Masayuki Kojima donde Yonebayashi también fue "key animator".


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Recuerda, amigo lector, que esta reseña está basada única y exclusivamente en mi opinión y gusto personal que puede, o no, coincidir con la del resto de los mortales.



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martes, 25 de agosto de 2015

When Marnie Was There (2014). La esencia del estudio Ghibli continúa.

Fecha estelar: -307351.1
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Entrada sin spoilers


Omoide no Mânî (When Marnie Was There - 2014) es el segundo largometraje de Hiromasa Yonebayashi, un director asociado por ahora al estudio Ghibli en el que lleva trabajando como animador desde Mononoke Hime (1997).  Desde esta mítica película, obra maestra de Hayao Miyazaki, Yonebayashi ha participado en los principales títulos del estudio, en muchos de ellos como "key animator" que va más lejos de un simple animador ya que asume toda la responsabilidad de las escenas que tiene asignadas.

En el año 2010 Yonebayashi asume la máxima responsabilidad e inicia, bajo el amparo del estudio, su carrera como director con Karigurashi no Arietti (Arrietty y el mundo de los diminutos). El resultado fue más que notable, una película muy estimable amparada en un trabajo técnico impecable que viene dado por el "sello Ghibli". Y hablar de Ghibli implica calidad. Cuatro años despues Yonebayashi se confirma, se supera, y nos regala Omoide no Mânî. Una película que se separa del sentido aventurero de su primer film para adentrarse en la dificil tarea de narrar los sentimientos humanos a traves de la animación. Y el resultado es muy satisfactorio, notable, en la buena dirección para intentar acercarse a las obras maestras de los fundadores del estudio. Es muy difícil llegar al nivel de Kaze tachinu (El viento se levanta, 2013) el último film de Miyazaki o la obra maestra que es Kaguya Hime (2013) de Isao Takahata, pero es de esperar, más bien desear, que Toshio Suzuki continúe su labor en el estudio Ghibli para amparar nuevos trabajos. Curiosamente Yonegayashi con Omoide no Mânî y Goro Miyazaki con Kokuriko-zaka kara (La colina de las amapolas) han conseguido superarse respecto de sus primeras películas y nos han ofrecido productos que están muy por encima en su género que muchas producciones, y no me refiero solo al anime sino a productos norteamericanos (léase aquí Disney, y Pixar últimamente), llenos de convencionalismos infantiloides, tendenciosidad hacia el "buenismo", guiños para mayores, prisas y demasiados gritos.



 Centrándonos ya en Omoide no Mânî decir de entrada que es todo un placer disfrutar de una historia contada con pausa, con el ritmo necesario muy del gusto y del proceder japonés. Ciertamente suele ser este precisamente uno de los inconvenientes que muchos achacan a este cine, pero yo lo disfruto intensamente. Porque, aunque la historia que se cuenta en la película sea en realidad muy sencilla y juvenil, no en vano está basada en una novela para adolescentes de 1967 escrita por Joan G. Robinson, el empaque de la misma llega mucho mucho más lejos, porque hay tiempo para contemplar las escenas, porque la calidad de los escenarios dibujados, naturales o de interiores, es simplemente espectacular, porque es fascinante cómo se retrata el mundo rural japonés. En este último sentido la película pisa sobre terreno muy firme, no en vano muchas películas del estudio Ghibli han pasado por aquí y es imposible, viendo esta película, no recordar la grandísima obra maestra de Takahata Omohide Poro Poro (Recuerdos del ayer, 1991).

En cualquier caso, la fascinación o la reverencia que tienen muchos creadores japoneses por el mundo rural japonés, el huir de la tecnología y los convecionalismos modernos para adentrarse en el último reducto de la tranquilidad, la tradición y del amor por la naturaleza es digno de reflexión. Sólamente dentro del anime, a bote pronto y de los últimos años, puedo citar con facilidad títulos importantes como Momo e no Tegami (Una carta para Momo, 2011) de Hiroyuki Okiura, o las dos últimas películas de Mamoru Hosoda, Samâ Wôzu (Summer Wars, 2009) y Ôkami Kodomo no Ame to Yuki (Los niños lobo, 2012).

Pero,.... algún pero debe haber. Y lo hay. El último tercio de la película me parece algo precipitado. Una película que te va envolviendo poco a poco en la historia de Anna, una niña muy introvertida que tiene que luchar contra ese deseo de encerrarse en sí misma, de vencer las dificultades que tiene de manifestarse espontáneamente, de comprender por qué es así, que viaja a una zona costera donde conoce a Marnie, otra chica con su propio secreto... y todo va bien contado, pero al final la narración de la relación con Marnie se torna algo precipitada. A la película le faltan 15 minutos que particularmente estaría encantado de ver. Por otra parte, aunque la música no está nada mal, tampoco es que se quede en la memoria. Particularmente también me molesta que el tema principal que aparece en los créditos finales esté cantado en inglés, una nimiedad en cualquier caso.

Finalmente mencionar una curiosidad sobre la animación de los personajes. En general todos los movimientos de los personajes me resultan muy realistas (Anna tiene dos o tres caídas que casi me resultan dolorosas de ver), como no podía ser menos siendo una producción tan cuidada. Sin embargo, el sello del propio Yonebayashi se puede detectar respecto de otras animaciones del estudio pues Yonebayashi también ha trabajado como animador fuera de Ghibli. No me negarán, aunque sea vagamente, la sensación de déjà vu al contemplar el semblante y los gestos de los personajes con alguno de los personajes de Jin-Rô (Jin-Roh: The Wolf Brigade, 1998) de Hiroyuki Okiura donde Yonebayashi trabajó de animador. Y no me negarán, más claramente, la coincidencia del semblante y los gestos de Marnie y de los personajes que habitan la casa del pantano con algunos de los personajes de la serie Monster (2004) de Masayuki Kojima donde Yonebayashi también fue "key animator".



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Recuerda, amigo lector, que esta reseña está basada única y exclusivamente en mi opinión y gusto personal que puede, o no, coincidir con la del resto de los mortales.



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domingo, 10 de noviembre de 2013

La canción de Arrietty

Fecha estelar: -309140.4
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Con motivo del lanzamiento de su nuevo álbum, SongBook vol.4, la cantante y arpista Cécile Corbel actuó el pasado 18 de junio de 2013 de forma desinteresada en un bar de París, Le Dernier Bar avant la Fin du Monde, un local que se auto-define como el primer espacio de expresión cultural de la imaginación en el corazón de París, cerca del Teatro du Chatelet. Es un bar de 400 m² pensado para los entusiastas de la ciencia ficción, fantasía, manga, series de televisión, el cine y la literatura fantástica. Un local donde el visitante podrá leer, tomar una copa, jugar, comer, compartir su pasión por las culturas de la imaginación.  
De entrada, suena como un sitio de obligada visita para todo aquel que se pase por París. 
En este vídeo, colgado en YouTube por Kaat77, podemos ver la interpretación de Cécile Corbel de su Canción de Arrietty, perteneciente a la BSO de Karigurashi no Arrietty (2010) de la que es responsable.



El tema se puede oír en los créditos finales del film de Hiromasa Yonebayashi. Por mi parte prefiero su versión en japonés, también interpretada por Cécile Corbet (de hecho está interpretada por ella en  japonés, inglés, italiano, alemán y bretón). A continuación el tema en japonés tal como suena en la película.


Vídeo oficial del tema (en japonés) aquí.



La película es notable y la música también, pero por separado. Particularmente no me gusta la música dentro de la película, me suena a un alejamiento de las "raíces" japonesas de las producciones Ghibli. La culpa es, seguramente, de Joe Hisaishi, que me tiene muy mal acostumbrado. :)